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Brasil sacó su casta de campeón y superó a Japón

by Luis Ángel Ortiz Badillo

La Selección de Brasil luchó hasta el último minuto para conseguir la clasificación a octavos de final.

Antes del pitazo inicial, el favoritismo recaía sobre Brasil. Sin embargo, en la cancha del NRG Stadium de Houston, Japón volvió a demostrar que en un Mundial los nombres pesan menos que el carácter. La Canarinha sufrió más de la cuenta, tuvo que remar contra la corriente y solo en el segundo tiempo encontró el camino para imponerse 2-1 y asegurar su clasificación a los octavos de final del Mundial de 2026.

El equipo sudamericano dominó la posesión desde los primeros minutos, pero lo hizo sin la brillantez que durante décadas convirtió al fútbol brasileño en una referencia mundial. Mucho toque, poca profundidad y escasas ideas para romper el orden defensivo de un conjunto japonés disciplinado y peligroso al contragolpe.

La sorpresa llegó a los 29 minutos. Japón recuperó el balón en la mitad del campo y lanzó una transición perfecta. Kaishū Sano condujo sin oposición, avanzó con decisión y, al llegar al borde del área, sacó un remate cruzado, rasante y preciso que dejó sin opciones a Alisson Becker. El silencio invadió por un instante a la multitud brasileña que llenó las tribunas del escenario texano.

Con la ventaja en el marcador, los nipones crecieron en confianza mientras Brasil caía en la ansiedad. El descanso encontró a los asiáticos defendiendo con orden y a la Verdeamarela dejando más dudas que certezas, evidenciando nuevamente que aquel “jogo bonito” que maravilló al mundo y tuvo su última gran expresión en el título de 2002 parece cada vez más lejano.

La historia cambió tras el entretiempo. Brasil salió con otra actitud, adelantó sus líneas y comenzó a encerrar a Japón en su propio campo. Entre los minutos 52 y 55 llegaron las oportunidades más claras. Primero, un espectacular reflejo del arquero Zion Suzuki evitó el empate al contener un potente cabezazo de Bruno Guimarães. Un minuto después, Casemiro estuvo a centímetros de marcar, pero un defensor japonés rechazó milagrosamente el balón sobre la línea.

La insistencia finalmente tuvo premio. Al minuto 55, un nuevo centro cruzado encontró a Casemiro ganándole la espalda a la defensa japonesa. El experimentado volante conectó un impecable cabezazo que cambió la trayectoria del balón y venció a Suzuki para decretar el 1-1. Era el empate que Brasil había buscado con insistencia, aunque todavía sin convencer desde lo futbolístico.

Con el impulso anímico de la igualdad, la Canarinha mantuvo la presión y encontró el gol del triunfo en el tramo decisivo del encuentro, sellando un sufrido 2-1 que le permitió avanzar a los octavos de final.

Brasil sigue con vida en la Copa del Mundo y mantiene intacto el sueño de conquistar una nueva estrella. Sin embargo, la clasificación también deja una conclusión difícil de ignorar: el gigante sudamericano gana, compite y avanza, pero continúa lejos de enamorar con ese fútbol alegre, creativo y dominante que alguna vez hizo del “jogo bonito” una marca registrada. En el Mundial, el resultado lo mantiene en carrera; el desafío será recuperar también la esencia que lo convirtió en leyenda.

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